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Veneno+El incendio



 

Formato: LIBRO/DISCO

Género: narrativa/rock and roll

Autor: Antonio Sarmiento Abengoza / YESKA

Año de publicación: 2018

ISBN: 978-84-948080-7-4

Idioma: castellano

Páginas: 160

Canciones: 6

Precio: 13,00 €

 

Los hay que son más escritores que músicos, y Antonio es uno de ellos. Yo no. Por eso me cuesta tanto escribir estas líneas, pero después de haberle insistido tanto para que se lanzara al vacío con la literatura, él me devuelve el golpe pidiéndome que haga este esfuerzo. De trabajar con él y con otros como él entiendo mejor el concepto de poesía urbana, de rock poético.

 Es hijo del arte kinki. De Ángela y Pablo de “Deprisa, deprisa”, de Paco y Urko de “El pico”, del bar “El pirata” de nuestro querido Makinavaja, pero también de Bukowski, de Tom Waits, de La Banda Trapera, de los Chunguitos, de los Burning… 

Escribe claro, directo, sencillo, resulta agreste a veces, crítico siempre, inconformista, ahondando en el lado duro de las vidas de personajes que poco tienen ya que perder y que nos sirven de guías por los extrarradios de cualquier ciudad. Pero esos personajes tienen la capacidad de aparecer entrañables, mil por mil humanos en un relato que no sólo es corto (lo cual es difícil) sino que se nos hace corto. Y el hecho de escribir sobre la marginalidad, las drogas y el chabolismo no significa que falten profundas reflexiones, crítica política o simplemente frases que cabrían perfectamente en un precioso poema…

Estoy convencido de que este será el primero de muchos. No sé si se tornará menos conciso, más adornado, si evolucionará hacia otros estilos y  tipos de vivencias a contar, si un día lo mandará todo a la mierda, pero este tipo “lo lleva dentro” y me da la impresión de que nos va a hacer sentir cosas durante mucho tiempo, que años le quedan muchos.

Prepárate para una historia sencilla, humana, áspera y a veces punzante. Yo me lo he ventilado en muy pocas horas y he de reconocer que ya estoy esperando el siguiente.

Fernando Madina

 

 

 

Antonio tiene el bicho de las letras metido en el cuerpo. He conocido muchos casos y no tienen cura. La vida se les va consumiendo acodados en el bar, de charleta, escuchando discos una y otra vez, leyendo y escribiendo canciones, relatos, poemas y novelas. Creedme, no hay proyecto hombre, ni esperanza, ni dinero presupuestado para el estudio de esta rara enfermedad.

 

A Antonio lo conocí con el rock y la literatura de por medio y enseguida pensé que era de pasta dura. Rockear en estos tiempos y encima en un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, requiere de unos atributos del tamaño de un 124 rojo, con ruedas anchas y alerones. Después he tenido la suerte de disfrutar de este texto cuando todavía no tenía tapas y de patearme el barrio entre gitanos, camellos y chatarra. Ahí me ha quedado claro que así como el jaco acompañó a los protas del género kinki, a Antonio lo que le chana, es ponerse hasta el ojete de letras y que sin acabar de ponerse de una y ya está pensando en la siguiente. Un puto vicio que lo llevará a la tumba, que no tiene enmienda y que tendrá que sobrellevar como pueda.

 

Antonio nos actualiza un género, que pasó de fenómeno social a serie Z para frikis y hemos de reconocer que hay que tenerlos bien cimentados para ambientar una historia con ese telón de fondo, después de todos los burkes, chinaskys y demás cafres que nos han repartido estopa. Si encima te atrapa hasta el punto final definitivo, “tienes mucho adelantado” que diría José Luis Cuerda. Lo dicho, hoy el 124 es un audi, el jaco de hoy es el de ayer pero más barato, el Vaquilla primero y Boquilla después es el Gallo de hoy y la historia la misma, la de la supervivencia, donde como dijo el fallecido José Antonio Marrodán -El Marro-, desde su exilio albaceteño: “Nadie espera una segunda oportunidad porque todavía se le adeuda la primera”.

 

Aquel barrio de paro, curro precario, de dar el palo, del todo por la guita, de petas y de coches puenteados, es hoy otro barrio, de todo lo anterior, más móviles, tiendas de apuestas, desahucios y miseria en una kunda camino al polígramo. Y de esperanza también. Siempre la esperanza de que el palo salga bien por una puta vez.

 

Antonio se inicia con este relato al que me toca poner epílogo. No será el último. Lo sé. Ni tiene cura ni la mínima intención de quitarse. Mejor para mí, pues con estas cosas, uno se mete sus homenajes, como diría don Enrique Villareal -El drogas-: “A gusto”.

 

Josu Arteaga

 

Catálogo-Narrativa



Veneno (LIBRO)+ El incendio (DISCO) Antonio Sarmiento Abengoza (Yeska)

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